
En el mundo capitalista actual donde la ocupación requiere cada vez más especialización y competencias, es lógico que las personalidades perfeccionistas y autoexigentes encajen perfectamente en este sistema.
Sin embargo, detrás de esas conductas, se esconden personas que sufren
La autoexigencia suele surgir de los mensajes que recibimos, directamente o indirectamente, a lo largo de nuestra vida ( mandatos sociales y familiares que en vez de ayudarnos, nos limitan) y está vinculada principalmente con:
miedo a equivocarse
El haber recibido, desde pequeñxs. muchos refuerzos positivos por nuestra inteligencia o por nuestras capacidades
La necesidad de satisfacer/complacer lxs demás
Suele aparecer en forma de rumiacion excesiva y pensamientos intrusivos relacionados con el mérito y la productividad
normalmente se convierte en un proceso tan automático e involuntario que es difícil de detectar y que conlleva órdenes excesivas en forma de: debo, no soy suficiente, si no hago esto, no soy buena hija/ amiga/pareja…
La autoexigencia puede manifestarse así:
- Te sientes apáticx y sin motivación
- Te castigas internamente cuando te equivocas
- Sueles analizar constantemente tu comportamiento centrándose en tus errores.
- La mayor parte del tiempo te sientes insuficiente
- Te sientes culpable cuando no cumples con expectativas
- Muchas veces procrastinas
- Piensas que parar y descansar es una pérdida de tiempo
- Te cuesta delegar
- Te cuesta decir que no
- Te preocupas mucho de que piensan lxs demás de mi
- No consigues valorar tus éxitos y tus recursos
A largo plazo una excesiva autoexigencia puede afectar a nivel emocional, generando sentimientos de insatisfacción y culpa y serios problemas de autoestima, ansiedad de rendimiento (me quedo en blanco en un examen) y miedos anticipatorios
Al final es necesaria una cierta exigencia para cumplir nuestras metas, pero lo importante es crear un equilibrio entre esta exigencia y nuestra capacidad de disfrutar.
¿Y como podemos conseguirlo?
1) Tomando conciencia de nuestras limitaciones y nuestra vulnerabilidad y al mismo tiempo valorar nuestras fortalezas;
2) Trabajando en nuestro amor propio y autocompasión y aprendiendo a distinguir nuestros deseos y de los ajenos;
3) construyendo expectativas realistas, y
Tomando conciencia de que no es sostenible ser siempre excelente y de que a veces las cosas no salen como queremos.