Las interrupciones en el ciclo de necesidades

Los humanos tenemos por costumbre definirnos con un solo aspecto dentro del amplio espectro que en verdad es nuestra personalidad.

Esto es el llamado autoconcepto. Nos creemos esa parte de nosotros como si fuera una totalidad cuando decimos “soy tímido”, “soy buena persona”, “soy fuerte”, etc. Esos conceptos sobre nosotros los usamos para darle una coherencia a nuestro comportamiento, necesitamos tener una sensación de estabilidad. Además juzgamos lo contrario de lo que somos, lo que se llama en gestalt, polaridades, como incompatibles. Por ejemplo, si me defino como “buena persona” o tolerante, no voy a admitir el más mínimo de “maldad” o actitud intolerante en mí. Es decir, “o soy bueno o soy malo”, “o soy tolerante o soy intolerante”, “o soy tímido o soy atrevido”, lo que hace que tengamos muy poco margen de maniobra en nuestro día a día.

Los mecanismo de defensa van en contra del darse cuenta de cómo somos en potencia y es una forma de permanecer ciegos para mantenerse fiel a nuestro autoconcepto, aquello que hemos construido de lo que somos y que básicamente proviene del rol que tuve que actuar en mi familia, así como de todas aquellas definiciones sobre nosotros que usaban nuestras primeras figuras de autoridad, por ejemplo “eres una chica responsable”, “eres un trasto”, “eres listo pero muy vago”, etc. Estos mecanismos, sirven para cristalizar una estructura rígida que se convierte en nuestro carácter.

Estos mecanismos psíquicos, están al servicio de evitar el contacto con una emoción, sensación, idea, impulso…con algo que nos duele, nos es angustiante, no deseamos o que no encaja con nuestro autoconcepto, algo en definitiva que vivimos amenazantes, por distintos motivos.

Si evitas tu dolor ante un hecho desagradable, evitarás contactar con el dolor, la tristeza o la rabia que te producen, impidiéndote así aprender a gestionar estas experiencias inherentes a la vida. Si evitas relacionarte con una experiencia no aprendes a reconocerla, sostenerla y gestionarla. Evitar, debilita nuestra capacidad de aprender y de empoderarnos ante las experiencias dolorosas o difíciles de la vida. Una vez vistas, en otro artículo, cuáles son las fases del ciclo de necesidades, veamos ahora, que mecanismo actúa entre cada una de ellas, imposibilitando que la persona, complete su necesidad y de esta manera dejando pendientes situaciones/necesidades inconclusas y pendientes de satisfacer.

La introyección interfiere entre la sensación y la conciencia; entre la conciencia y la energetización, actúa la deflexión. Estas fases formarían la parte preparatoria y perturbarían el darse cuenta de la necesidad emergente.  Las proyecciones interfieren entre la energetización y la acción; entre la acción y el contacto la retroflexión; y por último, entre el contacto y la retirada, la confluencia. Estas fases formarían la parte resolutoria y perturbarían el contacto con la necesidad emergente.

Hay personas que tienen más dificultad con la primera parte del ciclo; pese a ser expresivas, actuar y contactar, tienen muy poca conciencia de sí misma y de lo que necesitas. El trabajo terapéutico irá dirigido al darse cuenta. Mientras que hay personas que tienen más capacidad de introspección pero les falta ponerla en práctica, pasar a la acción, resolver la necesidad y tiene más dificultad en la segunda fase. Aquí el trabajo terapéutico consistirá en que se plasmen en el mundo, en que contacten con aquello que han descubierto de sí mismas y lo lleven a cabo.

Conciencia y contacto son claves en el modelo gestáltico.

El autoconcepto “obliga” a actuar igual en todas las circunstancias. Probablemente tuvimos que funcionar según nuestro concepto para adaptarnos al medio que nos tocó, pero al llegar a la adultez nos damos cuenta que esas estrategias ya no nos valen. Toca cambiar la idea fija que tenemos de nosotros y probar a hacer las cosas de modo diferente.

Forma parte del trabajo en terapia, el conocer nuestro carácter y poder flexibilizarlo. Ampliar la conciencia de los que somos, nos permitirá ser más creativos y adaptarnos mejor a nuestras necesidades y a las del entorno.