
Los mecanismos de defensa o de evitación en en terapia Gestalt, se consideran como autointerrupciones del ciclo de necesidades, que nos impiden llevar una vida más plena y satisfacer nuestras necesidades.
Son de alguna manera, estrategias que hemos aprendido a desarrollar para adaptarnos al ambiente donde crecimos, pero que en el presente no tienen demasiada utilidad.
Se entiende que el origen de tales mecanismos están relacionados con una perturbación del sano ritmo de contacto/retirada entre el sujeto y el ambiente. Esta perturbación, hace que nuestras necesidades quedan inconclusas, generando malestar, sufrimiento e impidiendo que las personas puedan autoregularse de manera natural.
Los principales mecanismos neuróticos según la terapia Gestalt son los siguientes:
Introyección:
“Tienes que ser bueno”, “No sabes lo que quieres”, “Los hombres nunca lloran”, “No hables con desconocidos”, “A quien madruga Dios le ayuda”, etc.
Todos los dichos y expresiones que tantas veces hemos escuchado constituyen introyectos. Es decir, ideas que hemos recibido del entorno –a menudo familiar, pero también en la sociedad- , y durante la infancia/adolescencia, etapas en las que se define nuestra personalidad/carácter, pero que lo hemos tragado pasiva e indiscriminadamente, sin poner en tela de juicio.
El antídoto a trabajar en terapia, sería “masticar” todo eso que hemos tragado, es decir, atrevernos a cuestionar aquello que engullimos, discriminar lo absoluto y relativo, ver el punto opuesto y entonces incorporar lo que nos sirva y desechar lo que no.
Proyección:
“Mi compañero de trabajo me mira mal, yo creo que no le caigo bien, así que no pienso saludarle cuando lo vea”.
Se trata de poner sin conciencia en los demás aspectos que son de uno mismo. En nuestro ejemplo, se trataría de que la persona se haga cargo de su propia hostilidad hacia el compañero. La persona que proyecta “cede” sus ojos, ya no puede ver sino que se siente vista.
Proyección e introyección forman parte del mismo fenómeno según la terapia Gestalt. Si me he “tragado” que tengo que ser bueno, entonces proyectaré mi parte de maldad en los demás.
El antídoto a trabajar en terapia, consiste en reapropiarse de lo proyectado y asimilar partes que hemos negado de nosotros mismos.
Confluencia:
“No me apetece nada irme de semana, pero si les digo esto a mis amigas se pueden enfadar ”
La confluencia es una pérdida de los límites entre el yo y el entorno, en donde existe una fusión con lo externo. Para el confluyente, los límites y las barreras no existen y la persona se queda “pegada”, no hay posibilidad de diferenciarse.
El antídoto a trabajar en terapia, es saber decir “no”, atreverse a expresar una opinión diferente, atreverse a confiar en el propio criterio. En definitiva, aprender a diferenciarse del entorno y a sosternerse por uno mismo.
Retroflexión:
“Porque paseaba a esa calle, si hubiera tenido más cuidado no me hubieran atracado”“¿Cómo he sido capaz de dejar que el otro me trate con indiferencia?”
Es una vuelta del individuo contra sí mismo. Una agresión hacia nosotros, cuando en realidad convendría dirigirla hacia el exterior en forma de límites. Las enfermedades somáticas obedecen a retroflexiones, puedo tener una úlcera o deprimirme en lugar de enfrentarme a quien me perjudica.
El antídoto a trabajar en terapia, consiste en redirigir ese movimiento insano que hacemos con nosotros mismos hacia el exterior, reconociendo y expresando de las emociones, deseos y necesidades.
Deflexión:
“Cuando estoy con mis amigos me lo paso bien, pero hay asuntos que no se pueden tocar. Si les hablo de algo doloroso en mi vida, me suelen responder con un: no te rayes, y pasan a otra cosa. Esto no me hace sentir bien”
La deflexión es una forma de enfriar el contacto con el otro, una manera de evitar relacionarme auténticamente con los demás.
Reírme cuando estoy contando algo doloroso, la verborrea, tararear cuando estamos en frente de alguien a quien no sabemos qué decirle, evitar el contacto visual, etc. Todas estas son formas de deflexión. El resultado de la deflexión es una desconexión de mi mismo y de los demás, que se traduce en aburrimiento, apatía o somnolencia.
El antídoto a trabajar en terapia, es generar un contacto auténtico en la relación terapéutica, en donde los asuntos difíciles no sean evitados, sino tratados. Esto genera una revitalización en la persona, más conectada y más presente.
Proflexión:
“Hoy estás guapísima” “¿Necesitas un abrazo?”
Se basa en hacerle al otro lo que me gustaría que este me hiciese a mí, siendo una forma de manipulación seductora, que no le lleva en absoluto a satisfacer sus necesidades.
El antídoto a trabajar en terapia, sería reapropiarse del dar con el recibir, pudiendo expresar las necesidades y los deseos como propios.
Egotismo:
“Oh, muchacha, vuelve a lanzarte otra vez al agua, para que yo tenga una segunda oportunidad de salvarnos a los dos.» Albert Camus (La caída)
Siendo una inflación del ego, interesándose y dándose valor a uno mismo en detrimento del otro y la situación, no contactando en realidad con lo que sucede, sino solo con uno mismo.
El antídoto a trabajar en terapia, sería diferenciarse entre tú y yo, forjando una relación con el otro de independecia e interdependencia madura.
El gran aporte que se hace con la terapia Gestalt, es la toma de conciencia de los mecanismos de deferensa que utilizamos para autoboicotearnos y no cumpliar así nuestras necesidades genuínas, o dicho de otra manera, darnos cuenta de lo que evitamos. Explorar lo que estamos evitando nos permite crecer como personas y dejar de tener miedo a nuestras experiencias.
Fritz Perl afirmó “la necesidad de aprender a distinguir los peligros reales de los imaginarios, pues el no saber distinguir lo uno de lo otro es lo que nos lleva a considerar y “evitar” como peligroso, en una situación dada lo que no es”.
El demonio que interrumpes o postergas, suele ser más peligroso que lo que evitas, ya que te impide crecer, sentir lo que sientes y ser, quien realmente eres.